Rulfomanía centenaria

La rulfomanía está en su apogeo. En varias partes del mundo se han organizado lecturas, conferencias, foros, exposiciones fotográficas, programas de radio, televisión, producciones escénicas, series y exhibiendo películas en las que Rulfo participó como guionista o cuyos textos narrativos sirvieron como base para películas como El gallo de oro.

Hoy más que nunca el autor del libro de cuentos El llano en llamas y de la novela corta Pedro Páramo, está vivo, vigente y en boca de millones de personas. Ningún autor contemporáneo de literatura de creación ha tenido tal impacto sociocultural.

El hombre parco en su hablar, solitario en su existir, con síntomas de una permanente depresión, de una tristeza de siglos, el que trazara en unas cuantas páginas el vocerío de la tierra, el que se ha mitificado tanto, más que su propia obra artística, el 16 de mayo pasado cumplió 100 años de su nacimiento y el mundo de las letras y del arte, a pesar de las restricciones que han querido imponer la familia y la Fundación Juan Rulfo, se desbordan en rememoros, coloquios y homenajes.

A estas alturas, a pesar de que sus libros se han traducido a decenas de lenguas y editado en cientos de miles de ejemplares, la mayoría de los mexicanos, por diversas razones, no hemos tenido la oportunidad de leer o ver algunas de sus obras, y ésta puede ser la ocasión para que la ola rulfiana nos bañe en sus fantasmales y telúricas obras.    

¿Dónde nació Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, que así se llamaba, que ése era su nombre completito, según él y la familia? Durante años a nivel nacional e internacional se manejaron varias versiones, la oficial, la que señala su acta de nacimiento, indica que el niño fue registrado vivo en Sayula; la que señala que Juan nació en San Gabriel, versión que propios, lugareños y su gran amigo Juan José Arreola gustaban de aseverar; y la versión que declaraba el mismísimo Rulfo: “nací en Apulco, un pueblo pequeño cercano a San Gabriel, el que a su vez pertenece al distrito de Sayula, Apulco, un pueblo pequeño que no aparece en los mapas y que fundó mi abuelo, por eso dicen que soy de Sayula”.

El lugar umblical de Rulfo es parte del mito vuelto leyenda y mucho más lo es eso del apellido Rulfo, de acuerdo a su acta de nacimiento y fe de bautismo su nombre es Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, pero por misterios de la vida y la alcurnia lo han convertido en Pérez Rulfo.

Juan Rulfo, como firmó sus textos, escribió poco, desde joven se interesó por la lectura y la escritura, pero después de publicar algunos cuentos sueltos en revistas jaliscienses, en 1953 le editaron un volumen de 15 relatos bajo el título de El llano en llamas. Luego en 1955 con los apoyos de las becas Rockefeller y de la Centro mexicano de Escritores, escribió Los murmullos, novela que fue publicada como Pedro Páramo, pero que originalmente llevaba ese título sugestivo.

Las obras de Rulfo, al principio casi nadie las compraba ni valoraba hasta que fue ponderado por la crítica extranjera, entonces sí se inició el fenómeno editorial de su corta obra y el reconocimiento mundial a su talento y se multiplicaron las ediciones y vinieron los premios y Juan Nepomuceno Carlos se convirtió en uno de los ejes de la narrativa en lengua española.

Por eso, por los cuatro puntos cardinales se analizará su obra y su sombra de caudillo nos cubrirá, y por todos lados se oirá el clamor de escritores, escribanos, escribidores, guionistas y fotógrafos: Todos somos hijos de un tal Juan Rulfo.

Efraín Franco Frías es dramaturgo, director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UdeG y presidente del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes

 

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