El feminismo, la lucha

Las mulas que llevan el arado en el cultivo de maíz también cargan encima a una niña de cuatro años, acostumbrada a acompañar a su papá a la siembra y caminar entre las milpas en Etzatlán; esa niña es Candelaria Ochoa, la diputada ciudadana que hoy aprovecha la tribuna de San Lázaro para promover iniciativas con perspectiva de género, para interpelar al sistema patriarcal.

Cande, como la llaman las personas cercanas a ella, se conmueve hasta las lágrimas cuando recuerda a su mamá. Además de feminista, se define como promotora de valores como la ética y la responsabilidad.

Cuenta que se inició en el activismo haciendo grupos de mujeres que ayudaban a otras mujeres. En la Universidad de Guadalajara, fue cofundadora del Centro de Estudios de Género.

¿Cómo fue la infancia de Candelaria, dónde inicia tu historia?

Yo nací en Etzatlán, Jalisco, mis padres también son de ahí; tuve dos hermanas mayores. Tuve un Edipo hasta los 15 años porque estaba muy pegada a mi papá. Me llevaba al beisbol, veíamos el box, o me iba con él al campo. Fue una vida muy cercana a él.

Pero también mi madre fue determinante, yo creo que una de las cosas que aprendí de ella es a ser autosuficiente desde muy chica.  Mi mamá me decía cuando era niña, “no se casen hasta que tengan su propio dinero”, y creo que eso es fomentar la autonomía en las mujeres.

Cuando decidí venir a Guadalajara tenía 15 años, había salido de la secundaria y en ese tiempo no había preparatoria (en Etzatlán). Estudié en la Vocacional y después psicología, en la facultad aprendí de feminismo.

¿Cuándo decidiste tomar este camino, incursionar en la vida pública?

Desde que me acerqué al feminismo empecé a ser militante feminista. Tenía un grupo que se llamaba Omecihuatl, dábamos asesoría psicológica en colonias como La Hermosa Provincia, que estaban cerca del pequeño consultorio que teníamos.

¿Fue difícil hacer la transición del activismo al servicio público?

Yo me veo todavía como una activista, porque sigo haciendo muchas cosas que tienen que ver con eso. Todos los temas que yo he trabajado han sido con grupos de mujeres, a veces organizadas y otras no tanto; y para mí, siguió siendo un reto seguir apoyando a las mujeres, seguir viendo en qué podía colaborar.

¿Qué significa para ti la sororidad y cómo la ejerces en tu vida?

Creo que el tema de la sororidad es reconocernos entre nosotras con las diferencias que hay. El problema es que el sistema patriarcal nos ha enseñado que hay que estar desunidas, que hay que tenernos envidia porque las mujeres no somos amigas.

He tratado de hacer lo mejor que he podido, no siempre me sale y debo de reconocer y ser autocrítica en ese sentido. El gran debate o el gran reto es reconocernos en esa diferencia, en lo que es buena cada una.

¿A qué mujer admiras y por qué?

Admiro mucho a mis profesoras, con quienes aprendí mucho, Ana Lau Jaiven, Eli Bartra, Elena Urrutia, Mercedes Barquet, que ya falleció pero la tengo muy presente porque éramos muy amigas. A las mujeres que en condiciones más adversas que las nuestras han podido y logrado posicionar el tema de los derechos de las mujeres como un tema legítimo.

Me gusta mucho leer a Olimpe de Gouges, a quienes han hecho un activismo muy importante como la propia Jesusa Rodríguez, Elena Poniatowska.

¿Qué te ha sorprendido en la vida?

Lo primero, fue llegar a la ciudad. Con todo y que tenía muchas ganas de venir y estar acá, estar en la ciudad a las 9:30 de la noche, esperando un autobús que sabías que no pasaba y teniendo 15 años, eso te toma por sorpresa. Cambiar de vida tan drásticamente te toma por sorpresa.

Si en este momento pudieras platicar con la niña Candelaria, la de 10 años, ¿qué le dirías sobre la vida?

Híjole, pues casi le diría que fuera igual, porque… bueno… yo extraño mucho a mi madre y a la edad de 10 años estaba con ella muy pegada, pero también creo que no cambiaría muchas cosas, porque hubo pocas ocasiones en las que me dijeron que no hiciera algo.

Cuando tenía 15 años o 16, mi mamá sí se preocupaba porque yo me fuera, pero traté de ser muy sensata. Entonces, en realidad le diría que siguiera igual.

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