Las prioridades en la política

Este país no va a cambiar si no cambiamos la forma de hacer política, por eso es importante detenernos a reflexionar

Hace tiempo compartía el café con Don Esteban Garaiz, una de las personas de mayor sabiduría en la política de Jalisco, cuando me regaló una frase tan sencilla como inteligente, “en el diagnóstico está el programa”, es decir: si tenemos claros los problemas, sabremos por dónde empezar, qué debemos proponer y qué retos vamos a asumir.  

El inicio del proceso electoral es un buen momento para pensar en eso, en aquellas preocupaciones y anhelos de las personas a las que buscamos representar. Quizá el primer paso para saberlo sea hacernos algunas preguntas, ¿qué causas vamos a defender?, ¿cuáles serán los compromisos que haremos con nuestras comunidades? y ¿para qué queremos ganar las elecciones?.

Si no lo hacemos estamos en riesgo de caer en uno de los peores vicios de la política tradicional, que en muchos casos se ha reproducido dentro de las fuerzas políticas que se declaran opositoras al viejo régimen: poner los cargos públicos por encima de los intereses de quienes históricamente han sufrido las consecuencias de la corrupción y el autoritarismo.

Esto no significa que tengamos que abandonar el objetivo de llegar a los espacios de decisión, otro error frecuente de la oposición, sino que debemos recordar que estos representan un medio para luchar por causas colectivas y no para satisfacer aspiraciones e intereses personales.

Este país no va a cambiar si no cambiamos la forma de hacer política, por eso es importante detenernos a reflexionar sobre aquellos problemas que a pesar de afectar a la gran mayoría de las y los ciudadanos, han sido dejados para después por una clase política frívola e insensible que solo está preocupada por mantener sus privilegios.

Un claro ejemplo es la pérdida de la paz en el país, los últimos gobiernos del PAN y el PRI se concentraron en combatir con las armas el crecimiento de los grupos criminales, dejando de lado las causas de este: la indignante pobreza en la que vive la mayoría de las y los mexicanos, la corrupción en las instituciones públicas y la falta de oportunidades para los jóvenes. En Jalisco, como en todo México, la violencia es la mayor preocupación de las familias.

De la misma manera, como lo hemos mencionado en anteriores artículos, nuestra generación se enfrenta a un futuro incierto. Actualmente hay más de 7 millones de jóvenes en el país que no tienen acceso ni a la educación ni al trabajo formal. En Jalisco, a excepción de algunos municipios gobernados por Movimiento Ciudadano en el Área Metropolitana de Guadalajara, los jóvenes no cuentan con apoyos para continuar con sus estudios. La universidad sigue siendo un sueño que no logra alcanzar la mayoría, quienes tienen menos.

En cuanto a la calidad de vida en nuestras comunidades y el cuidado del medio ambiente, no se puede ignorar la grave situación del Río Santiago, que se mantiene como uno de los más contaminados del país, mientras la inversión pública sigue concentrada en la presa “El Zapotillo”, un proyecto que solo parece estar pensado para satisfacer las ambiciones de unos cuantos a costa del futuro de muchos.

En el Área Metropolitana de Guadalajara tenemos el reto de romper con un modelo de ciudad que empobrece, enferma y aleja a sus habitantes, que privilegia el uso del automóvil y relega la preservación e incremento de áreas verdes. Un modelo que ha excluido a millones y enriquecido a unos pocos.

El el fondo de todos estos problemas nos encontraremos con el común denominador de la desigualdad. Mientras uno pocos pueden vivir lejos de los grandes problemas del país y del estado, e incluso algunos beneficiarse de estos, a la gran mayoría le toca pagar los platos rotos.

Por eso la prioridad de la política debe ser reducir la gran brecha económica y social que nos divide, para mejorar la realidad de la mayoría de las personas, para que cada una de ellas tenga acceso a lo más básico para alcanzar una vida digna. En palabras de Esteban Garaiz “dejar de vivir bajo cero”, es decir, lograr que por lo menos se cumpla la Constitución y los derechos consagrados en esta, los de los trabajadores, las niñas, los pueblos originarios, las estudiantes, todas y todos.

Eloy Ruiz Anguiano es Consejero Representante de Movimiento Ciudadano ante el IEPC

 

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