Salvar la política

Escritor
Eloy Ruiz

Renunciar a la libertad es renunciar a la calidad de hombre, a los derechos de la humanidad y a sus mismos deberesJuan Jacobo Rousseau

No es facil hablar de política en este país. La palabra está cargada de muchas frustraciones, desilusiones y hasta rencores, pero también de prejuicios y apatías que han terminado por dejarle el camino libre a los mismos que la han manchado con sus ambiciones y abusos.

Lo hemos visto muchas veces, los partidos que están acostumbrados a ganar elecciones con dinero y presiones, pierden cuando la gente sale a votar de forma libre. Por eso no les importa si su forma de actuar genera desconfianza en los procesos electorales o desinterés por votar; mientras menos personas participen, mejor para ellos.   

El desprestigio de la actividad política es razonable y hay que asumirlo, pero también hay que enfrentarlo; la situación del país hace de esto una tarea urgente. Es difícil imaginar de qué otra manera podemos hacer retroceder la corrupción, la desigualdad y la violencia, si no es por medio de la política, lamentablemente estos mismos problemas ponen en riesgo su ejercicio en condiciones de libertad.

Perder la política, es decir, la posibilidad de resolver nuestras diferencias mediante el diálogo y sin que la vida de nadie esté de por medio, sería renunciar a ser libres; sin ella no podremos salir de aquí y para salvarla de los intereses que la amenazan, solo tenemos a la política misma.

Esta tarea, la de no permitir que la desilusión termine por paralizarnos o por llevarnos a nutrir el pesimismo, no solo corresponde a los partidos o a uno solo de estos (pensarlo así sería pretencioso), toca también a los proyectos independientes, a las organizaciones sociales, desde las más numerosos hasta las que reúnen a unos cuantos vecinos, toca a todas las personas que están inconformes con la situación del país.

Hablar de “salvar la política” puede sonar inocente o desmedido, sin embargo, como he dicho antes este es un objetivo que solo puede ser alcanzado con la suma de los pequeños y grandes esfuerzos que buscan disputar el futuro al viejo régimen. Para darle un nuevo valor a la política y hacer de esta una actividad en la que predominen los principios de la honestidad, el respeto y la justicia, nos necesitamos todas y todos.

Quienes participamos en Movimiento Ciudadano podemos contribuir a esta causa si hacemos lo que nos toca desde cada uno de nuestros espacios, en mi opinión esa ha sido siempre nuestra misión. Por supuesto que no es fácil, pero tenemos grandes ejemplos en los cuales encontrar luz, como el del luchador social Salvador Magaña Martínez, quien hasta antes de ser cobardemente asesinado el pasado 24 de diciembre, ocupaba el cargo de dirigente en el municipio de La Huerta, Jalisco.

A él, como a otros cientos de miles de personas, se lo llevó la tormenta de violencia que desde hace años golpea fuerte en nuestro país y que ha hecho del asesinato un acto que para muchos parece facil. Aun no sabemos cuales fueron los motivos de esos, que difícilmente podemos llamar seres humanos, y que decidieron quitarle la vida. Lo que sí sabemos es que Salvador era un hombre valiente, de esos que dan todo por su comunidad.

El país no puede seguir así, ni podemos acostumbrarnos a que esto siga sucediendo, por eso no podemos perder la política como un espacio para resolver nuestros problemas comunes. Hoy más que nunca debemos defender como una responsabilidad colectiva o incluso generacional, nuestro derecho y el de los demás a participar en las decisiones públicas, a votar de manera libre y a manifestar sin temor ideas y demandas. Podemos vencer la desesperanza y escribir otra historia para este país.

Eloy Ruiz Anguiano es Consejero Representante de Movimiento Ciudadano ante el IEPC

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