Crece población indígena en metrópolí

En la zona metropolitana de Guadalajara hay purépechas, mixtecos, otomís, nahuas, mazahuas, tzotziles, zoques, triquis, choles y zapotecos... Hay más indígenas en la ciudad que en Mezquitic, pueblo de orifen.

La zona metropolitana de Guadalajara es hogar de indígenas provenientes de más de 10 comunidades originarias del norte de Jalisco, de Michoacán y de Oaxaca: pese al carácter multicultural de la metrópoli, existe un trato diferenciado hacia ellos, expresan expertos en el tema.

Asentados en Zapopan, Guadalajara, Tlaquepaque, Tlajomulco y Tonalá, el trato diferenciado hacia estas comunidades apunta a la segregación, situación que se puede observar en los empleos que obtienen y las zonas en las que viven, por lo general en las periferias y con nulos servicios público, afirma el antropólogo Francisco Talavera.

Según datos del Gobierno del Estado, en la zona metropolitana hay purépechas de Michoacán, mixtecos de Oaxaca, otomís del centro del País y nahuas de Guerrero como de Hidalgo, así como mazahuas, tzotziles, tzentales, zoques, triquis, choles y zapotecos.

El flujo migratorio de indígenas hacia la metrópoli es consecuencia de las fallidas políticas públicas de desarrollo social que históricamente han implementado Administraciones Federales y Estatales, opina Talavera, quien es también asesor en la Comisión de Asuntos Indígenas en el Congreso de Jalisco.

La migración indígena se intensificó en la década de 1990, debido al agotamiento de sus economías de autoconsumo, al desgaste ecológico de sus comunidades, a las rupturas de su autonomía y autoabastecimiento, y al crecimiento descontrolado de las grandes ciudades, explica Talavera.

El problema es tal, que hay más indígenas en la zona metropolitana de Guadalajara que en sus sitios de origen. Por ejemplo, Zapopan es el municipio con más indígenas en Jalisco, superando a Mezquitic, pueblo de origen wixárika, puntualiza el antropólogo.

Los indígenas radicados en la ciudad, han formado comunidades como la Colonia Ferrocarril, El Colli y El Cerro del 4. Así mismo, han aumentado su presencia en pueblos periféricos que ya eran habitados por indígenas desde épocas de La Colonia, donde los españoles los ubicaban tras catalogarlos como indígenas rebeldes o “cascanes”, estos pueblos son Santa Ana Tepetitlán, San Juan de Ocotán, Tesistán, Santa María Tequepexpan, San Sebastianito y San Martín de las Flores.

“Los indígenas se han asentado en nuestra ciudad desde hace mucho tiempo ya; son residentes de la misma y no deben ser tratados más como migrantes, ni diferenciadamente”, dice Fela Pelayo Diputada Ciudadana que preside la Comisión de Asuntos Indígenas en el Congreso de Jalisco.

Cada etnia se desempeña en algún oficio para poder subsistir, los más comunes son la albañilería, el empleo doméstico, la jardinería y el comercio de artesanía y otros productos.

Los primeros indígenas que llegaron a la ciudad se enfrentaron a situaciones hostiles de desigualdad, discriminación y vulnerabilidad: esta es una situación que padecen aún sus terceras y cuartas generaciones, a quienes se les ha denominado como “indígenas urbanos”.

Héctor Montoya, secretario de Asuntos Indígenas de Movimiento Ciudadano Jalisco, sostiene que el indígena sufre de una violencia sistemática al llegar a la urbe, tratos discriminatorios que se aprecian más en el ámbito laboral.

Un paso atrás

El año pasado, la Diputada Ciudadana Fela Pelayo presentó una iniciativa para modificar la Ley Indígena y reconocer a las comunidades étnicas como sujetos de derecho a la libre determinación, y eliminar de una vez por todas el paternalismo del Estado.

Entonces, la propuesta fue respaldada por diputados de diferentes fracciones, pero cuando fue puesta a votación ante el Pleno del Congreso, legisladores del PRI y del PAN votaron en abstención y terminaron por desechar la iniciativa.

“El rechazo representa un retroceso en el reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas, representa una negación a la existencia misma de las comunidades, es un rechazo sistemático que se ha manifestado por los partidos del PAN y del PRI a lo largo de la historia” expresa Pelayo.

Uno de los puntos fundamentales del Acuerdo de San Andrés que firmó el Gobierno de México y el Ejército Zapatista de Liberación Nación en 1996, fue el reconocimiento a las comunidades y pueblos indígenas como sujetos de derecho.

Veintiún años después, apenas seis Estados de la República han modificado sus legislaciones. Jalisco dio un paso atrás al reconocimiento de estos derechos.

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