¿Dónde viven los niños lectores?

El texto responde a una pregunta sencilla y muy importante, ¿por qué es importante leerle cuentos a nuestros niños?

Y ¿si domesticamos los libros? Para Teresa Figueroa esto no es una tarea fácil cuando se trata de hacer que los niños se acerquen a un libro, pareciera que los textos son como esos monstruos de Maurice Sendak, con apariencia terrorífica, pero que por dentro guardan los más hermosos secretos.

Teresa, Tere, para los amigos, tiene dos armas de batalla: la palabra y los libros, una, su espada con la que combate al dragón de la ignorancia; y los otros, sus escudos para defenderse de sus fauces de injusticia y la desigualdad.

Tiene 13 años como promotora de lectura, como guerrera de la lectura acompañada del cuervo de Edgar Allan Poe; de una ballena blanca llamada Moby Dick; del pegaso de Perseo, y otros animales y personajes de textos que ha llevado principalmente a las manos de niños indígenas y de comunidades marginadas de la zona metropolitana de Guadalajara, su campo batalla.

Ella dice que los tiempos modernos ya no son los de antes, han cambiado en temas literarios, las narrativas incluso del siglo pasado no suelen ser digeribles para los niños de hoy, y a esto se le suman las nuevas (ya no tan nuevas) tecnologías que están dividiendo los caminos, pero son medios que ahora se traducen en libros en línea, blogs, audiolibros, que expanden los horizontes para hacer de las nuevas generaciones lectores modernos.

Para ella, el que los niños se acerquen a los libros es darles las herramientas lingüísticas e intelectuales para que puedan construir su propia representación de la cultura y su realidad y con ello dominar el lenguaje y las ideas de su pensamiento.

Cada cuento, novela y poema los lleva a un descubrimiento tanto del exterior: su entorno, su ciudad, su país; como del interior: su cultura, costumbres, ideología y concepción de la realidad.

Por otra parte, estimula la imaginación aportando nuevos significados y conceptos, volviendo a la imaginación como un juego sin límites.

“Formar lectores no es tarea fácil, y menos cuando se trata de niños, pero cuando lo logras se transforma su mundo, tanto su imaginación como su realidad, se vuelven más creativos y al mismo tiempo más analíticos”, expresa Teresa.

Pero, ¿Y cómo hacer que un niño lea? Es la pregunta.

Hay una lista de pociones, conjuros, trampas y monstruos para hacer que un niño lea, y están en los libros, y para Teresa generar el hábito de la lectura está en los mismos padres dárselos leyéndoles.

“En la primera infancia es muy importante leer para el niño, leer con el niño, más adelante leer junto al niño y en la adolescencia no dejar de leer, lo importante es atraparlos desde pequeños, incluso leerles de bebés”, explica Tere.

Y con ello incluye que los mismos padres sean lectores, pero ¿si ellos tampoco leen? Teresa recomienda que si un padre o madre no tiene el hábito lector, que se inicien con libros con dibujos, los mismos para los niños, y con ello, poco a poco harán de los libros sus compañeros.

“Así fue con mis hijos, y aunque de cuatro sólo tres se hicieron lectores habituales, a los cuatro les leía siempre antes de dormir, en las noches me sentaba con ellos y les contaba como un submarino recorría 20 mil leguas, por ejemplo, sólo el mayor no quiso, aunque lee mucho de su carrera”, narra.

Teresa llegó de Veracruz con su familia a un bosque encantado de Tonalá (vive en un vivero), y su hábito lector la llevó por un sendero amarillo hacia la biblioteca más cercana, donde reconocieron sus ímpetu literario y le sugirieron entrar a un programa gubernamental para promover la lectura en su casa.

Como una fortaleza construida de libros, los niños y adolescentes del centro de Tonalá llegan una vez a la semana al refugio para degustar del acervo que inició con una caja de libros y que hoy ya lo conforman libreros y estantes con textos variados y perpetuar el viejo ritual de traer a la vida personajes fantásticos.

 Libros para pequeños:   

Aníbal y Melquiades y Léperas contra mocosos, de Francisco Hinojosa.

Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak.

El bondadoso rey, de Antonio Malpica.

El Tunel, de Antony Browne.

La fórmula del doctor Funes, de Anthony Browne.

La colección “La Orilla del Viento”, del Fondo de Cultura Económica.

La colección “Barco de Vapor”, del Consejo Nacional del Fomento Educativo.

Ilustración: Isaac Ávila

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