El graffiti para tejer comunidad

Escritor
Ruth López

Acomodan sus cosas sobre el césped. Unos tratan de definir el color del fondo que van a utilizar, otros discuten por quién usará el cepillo y quién tendrá la suerte de usar el único rodillo que hay. Entre risas toman la decisión de usar la pintura azul como fondo, se reparten el espacio y comienzan a fondear. Los adultos los observan y dejan a los jóvenes que hagan lo suyo.

Esta escena es recurrente cuando se pinta un mural en Tlajomulco, es el encuentro de desconocidos que se ponen de acuerdo para darle sentido a su parque: de fondo, invertir en el arte significa invitar a la reflexión, a que la población haga lecturas en lo individual y en lo colectivo sobre la realidad en la que viven, y en otro plano, a que se reconozcan como habitantes de un mismo espacio y se apropian de los espacios públicos.

Así lo entendimos en Tlajomulco, una entidad con kilómetros de bardas que amurallaban casas y alejaban a los vecinos unos de los otros. En el abandono, la presencia del graffiti se hizo inminente y se realizaron diversos proyectos para ofrecer alternativas a los jóvenes y erradicar el vandalismo, pero no fue hasta 2015 con la Administración de Alberto Uribe que se desarrolló una política pública de arte urbano, que nombramos Traza.

Traza es un proyecto que busca consolidar la galería de arte público más importante del país y convertir al municipio en la capital del street art. Con una escuela de arte urbano que lleva más de mil 700 jóvenes capacitados a través de cursos y talleres, se les ha enseñado a desarrollar sus habilidades artísticas y sociales.  Es así como le dan una nueva identidad a sus comunidades.

Con estos trabajos, evocamos con orgullo una de las grandes épocas de México: el muralismo, un movimiento social, cultural y político nacido de la Revolución Mexicana, que sirvió para la construcción de la identidad nacional.

Teniendo a un México con el 90% de analfabetismo, Álvaro Obregón junto a su Secretario de Educación, José Vasconcelos, decidieron apostarle a la educación a través del muralismo. Así, junto al Dr. Atl, invitaron a jóvenes intelectuales como Diego Rivera, Clemente Orozco, Alfaro Siqueiros, y más, a sumarse al proyecto educativo. Juntos, buscaron consolidar los ideales sociales creados en la Revolución, destacando el nacionalismo e inculcando el orgullo por nuestras raíces indígenas.

Fue hasta 1970 que los gobiernos le apostaron al arte y a la educación; después, decidieron dejar un vacío espeluznante en las calles. No es hasta ahora que se vuelve a invertir en el arte público, ojalá que la apuesta sea a largo plazo, que sigamos coincidiendo en los parques con una brocha y un boceto en la mano.

 
 

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