Quitarle el dinero a los partidos

Vimos al PRI hacer lo que mejor sabe hacer: simular, querer engañar a la gente. Y me aterra pensar que por poco y lo logran

Cada vez más reafirmo aquella frase que dice, ‘no hay nada más poderoso que una idea a la que le llegó su tiempo’. Y cuando ese momento llega, es evidente por tres razones: primero, porque aquellos que te llamaban loco, empiezan a decir que siempre fue idea suya; segundo, lo que en su momento parecía imposible, de pronto está lleno de lógica y a punto de convertirse en realidad; y tercero, empiezan a activarse todas las resistencias posibles a esa idea y se percibe la obsesión de algunos porque nada cambie.

Las tres ideas de arriba, sucedieron mientras construíamos en el Congreso de Jalisco la Reforma Electoral que se aprobó hace unos días y que le quitó dinero a los partidos.

El punto central de la discusión fue la reducción de financiamiento público a los partidos. Nosotros teníamos una posición firme y consistente. No era reciente ni improvisada. Fue la postura que puso en la mesa Enrique Alfaro cuando fue Diputado, hace casi 10 años. La misma que empujó Clemente Castañeda y los Diputados Ciudadanos hace 5 años y la misma que en la bancada de Movimiento Ciudadano defendimos en estos días y que, por fin, se logró: los partidos deben de dejar de costarle tanto a la gente.

Una maestra, un abogado, una doctora o un estudiante no se esfuerzan día con día, pagan impuestos y luchan por producir bienes para su país, para que ese dinero pague grillas y lujos de los partidos. El dinero de la gente debe ser para resolverle problemas a la gente, de otra forma la confianza de los ciudadanos irá decayendo hasta perderse por completo: para nosotros era claro, el problema es que hay quienes se benefician de esos recursos, que ven en el financiamiento público la única manera de mantener una vida de privilegios que en nada corresponde con la realidad de la mayoría.

Esos, los beneficiados de ese recurso, eran los rivales a vencer para sacar adelante esta iniciativa.

A diferencia de lo que uno pensaría, en esta ocasión la estrategia del PRI fue distinta. Esta vez no se manifestaron contra la idea de quitarle dinero a los partidos, sino que buscaron confundir haciéndonos creer que estaban convencidos de esta iniciativa. Dijeron en todos los medios posibles que el PRI quería que el financiamiento público fuera lo mas cercano a cero y hasta presentaron una iniciativa al respecto. De forma ingenua pensé que tal vez habían aprendido la lección y que entonces tendríamos una Reforma Electoral histórica de la mano de todas las fracciones. No me daba cuenta que estaban jugando a la mentira, su pasatiempo favorito. De ahí en adelante vimos al PRI hacer lo que mejor sabe hacer: simular, querer engañar a la gente. Y me aterra pensar que por poco y lo logran.

Me alegra pensar que aunque utilizaron todas las mañas y técnicas de simulación posibles, al final terminaron fallando en su estrategia. El mensaje de lo que logramos ese día es fuerte y poderoso: no importa cuán imposible parezca una idea, cuando los ciudadanos abren las ventanas de la política y saltan al interior del cuarto, participan y toman la palabra, las cosas, por las buenas o por las malas, terminan sucediendo.

Eso fue lo que hizo la diferencia. Eran las 2:40 de la mañana del último día de Reforma Electoral y aunque quisieron arrebatarnos esa posibilidad, los ciudadanos le demostramos a la vieja clase política que los que mandamos somos nosotros.

Al final, recuerdo que llegué a mi casa esa madrugada de discusión y pensé en lo que habíamos logrado. Es una victoria de la gente, pensé. Logramos #SinVotoNoHayDinero y le quitamos más de la mitad de nuestro dinero al PRI, al PAN y a todos los partidos políticos.

Alejandro Hermosillo es Diputado Ciudadano en el Congreso de Jalisco, donde preside el Comité de Peticiones y Atención Ciudadana.

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