Revocación o Ratificación se hace camino al andar

La aspiración nacional a la revocación de mandato como parte esencial de la soberanía popular, es más que bicentenaria en MéxicoEsteban Garaiz

En democracia se hace camino al andar. Como en cualquier actividad humana.

El derecho ciudadano a revocar, o ratificar, un mandato concedido, es parte integrante de la soberanía popular. “El pueblo pone. El pueblo quita”.

No podemos tener la mente cuadrada de quienes, con corazón autoritario disfrazado de vestimenta democrática, reclaman (más que solicitan) un mandato popular y después: tres o seis años “todo el mundo a callar y obedecer”, como si fueran virreyes; y el pueblo súbdito.

Por cierto, la aspiración nacional a la revocación de mandato como parte esencial de la soberanía popular, es más que bicentenaria en México.

En el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, más conocido como Constitución de Apatzingán, en 1814, bajo la inspiración insurgente de José María Morelos, el artículo 4 dicta que: “todos los ciudadanos, unidos voluntariamente en sociedad, tienen derecho incontestable a establecer el gobierno que más les convenga, alterarlo, modificarlo y abolirlo totalmente, cuando su felicidad lo requiera”. Abolirlo, o sea: revocación.

Aspiración bicentenaria, sujeta a los avatares de nuestra turbulenta historia, que tuvo que aguantar por 100 años más un régimen agrario oligárquico colonial, disfrazadito de república. Por causa de la Independencia Trigarante.

Todavía hoy, el artículo 39 del Pacto Social de 1917 dice a la letra: “El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Esta disposición constitucional, ahora centenaria, y presumiblemente derivada de la norma política de José María Morelos en Apatzingán, no conserva de manera expresa la facultad de abolir totalmente, o el ejercicio de ratificar.

Queda implícita, pero clara, la atribución del pueblo soberano para remover a un mandatario que no haya cumplido con la encomienda otorgada; y, por supuesto, la de ratificar un mandato bien cumplido.

Ratificación si cumpliste. Revocación si no estuviste a la altura del mandato recibido Ese es el ejercicio ciudadano, plenamente legítimo, a que estamos siendo convocados.

La democracia hay que construirla todos los días. Se hace camino al andar. Entre todos.

Esteban Garaiz es Delegado de la Fundación Lázaro Cárdenas de Movimiento Ciudadano Jalisco.

 

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