Colibríes, del amor a la extinción

Autor de Fotografía: Martha Arriaga

En México, el colibrí también es conocido como chuparrosa, chupamirto, picaflor, pájaro zumbador y troquilino; en náhuatl se nombra Huitzilin, X ts'unu'um en maya, en huasteco Tzunún, en totonaco Jun, Tzintzun en tarasco, en mixteco Ni yo'o, y en otomí Gätu̱ en hñähñu.

El colibrí es una de las aves más astutas y hermosas de la naturaleza. Es, además, poderoso dentro de la cosmogonía prehispánica al ser asociado con deidades de la guerra, la reproducción y la fertilidad. Aún en la actualidad se le atribuyen propiedades mágicas o curativas que afectan a la especie porque en mercados tradicionales de México los venden disecados como amuletos, a pesar de que siete especies endémicas del país están en peligro de extinción.

Al recorrer los puestos esotéricos del mercado de Sonora de la Ciudad de México, se puede observar el puñado de dichas aves disecadas que permanecen colgadas para su venta. En otros locales, aunque no se aprecian a simple vista, basta con preguntar a los vendedores para que ofrezcan el denominado “muñeco colibrí” o “chuparrosa” en 60 o 70 pesos por pieza, bajo la creencia de que atrae al ser querido si lo colocas dentro de un morral rojo junto con el nombre de la persona amada y una moneda o esencias de amor, el cual debe colgarse cerca del ombligo o en las partes íntimas de la persona creyente.

Estos ejemplares embalsamados, con las plumas opacas, los ojos hundidos y de diferentes tamaños también se venden en 100 pesos la pieza si están “vestidos”, es decir, preparados con anterioridad por el vendedor para el ritual de atracción amorosa, pues el pequeño cuerpo del ave es envuelto en hilos de color rojo e incluye la oración dedicada a la chuparrosa, que dicen, al recitarla hace más efectivo el “amarre” para atraer el amor.

Según la creencia, las aves hembras son para los hombres y los machos para las mujeres. Un ritual específico para los varones que pretenden a una dama consiste en colocar al pájaro disecado dentro de un frasco con alcohol y pronunciar en voz alta el nombre de la amada cuatro veces (en representación de los puntos cardinales), durante tres días.

Asimismo, ofrecen los llamados “polvos de chuparrosa" que, según dice el mismo sobre que los contiene, están elaborados de: “perfume natural de las flores, polvo de chuparrosas disecadas, molidas y pulverizadas en Luna llena para que conserven el perfume. Úselo polveando todo el cuerpo en día viernes después del baño en la alcoba para obtener la gracia del amor y las buenas amistades”.

Como si no bastara la depredación hacia los colibríes que implican los anteriores artilugios, los vendedores también recomiendan encender tres veladoras elaboradas con chuparrosa pulverizado y colocar la fotografía del supuesto boca abajo. Además se cree que si dejas secar el corazón el colibrí y lo viertes en la comida o bebida de la persona amada, ésta nunca te abandonará, o bien, si te lo comes, siempre atraerás a las personas del sexo opuesto.   

Lamentablemente, desde siglos pasados estas aves son víctimas de la cacería humana por este tipo de creencias que sólo propician la extinción de diversas especies. Aunado a ello, en épocas prehispánicas y coloniales eran cazados por su plumaje que era utilizado para adornar la vestimenta de las mujeres y en la realización de obras de arte plumario.

Incluso en décadas pasadas era común que los vendieran embalsamados como accesorio ornamental en la plancha del zócalo capitalino. En la actualidad debe sumarse que a través de la página web Mercado Libre (dedicada a la compra-venta vía Internet) también se vende la mayoría de productos anteriormente mencionados. A todo esto debe añadirse el problema de la deforestación que cada día propicia la desaparición de los hábitats de estas aves.

En México peligran siete especies

María del Coro Arizmendi Arriaga, coordinadora del Posgrado en Ciencias Biológicas de la UNAM, destacó que en México existen 58 especies de colibríes, 13 son endémicas y 7 están catalogadas a nivel internacional en alguna categoría en peligro de extinción. Uno de los principales problemas es su pequeña distribución: por ejemplo, la más reducida es de 40 kilómetros cuadrados en la Sierra de Atoyac, Guerrero, donde habita la especie Coqueta Guerrerense, la cual se creía extinta. Hoy, esta ave está clasificada en “Peligro Crítico”, la última categoría de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) antes de que un animal se extinga, pues se calcula que su población es de entre 250 y 999 ejemplares.

La especialista lamentó que la situación social del estado (guerrilla y narcotráfico) impida realizar expediciones con sus alumnos para conocer a detalle las condiciones de vida de las aves, aunque, paradójicamente, esto quizá beneficia a los colibríes, pues el bosque representa una protección para efectuar dichas actividades humanas: al prevalecer el bosque, también se conserva la especie.

No obstante, Arizmendi Arriaga señaló que es urgente conocer las condiciones de supervivencia de las aves para garantizar su preservación e instó a declarar la zona como Área Natural Protegida, aunque consideró comprensible que las condiciones sociales no lo permiten en estos momentos.

Otra área conflictiva es la Sierra de Miahuatlán, Oaxaca, pues la tala y quema de terrenos para cultivos pone en situación de peligro al colibrí miahuatleco. Asimismo, en Yucatán y Veracruz está amenazada la especie del colibrí tijereta mexicano, y el colibrí guerrerense está dentro de la categoría “vulnerable”. Por otro lado, aunque el colibrí frente verde mexicano presenta menor amenaza, también está en riesgo. En cuanto al fandanguero tuxtleño, endémico de Veracruz, Oaxaca y Chiapas, es una especie que está bajo protección especial.

Las cualidades del chuparrosa

Los chupamirtos sólo habitan en el continente americano. Se estima que existen alrededor de 330 especies que se distribuyen en todos los ecosistemas (excepto climas muy fríos), desde Estados Unidos hasta Argentina. Su peso corporal puede ser de dos gramos, como es el caso del zunzuncito de Cuba (el pájaro más pequeño del mundo), hasta unos 24 gramos del picaflor gigante de Sudamérica.

Estas aves tienen plumas iridiscentes, es decir, su color cambia conforme el sol incide en ellas. Por esta razón, en la sombra su plumaje se observa pardo u obscuro, pero a la luz del sol refleja hermosos colores metálicos brillantes. Entre las aves, tienen uno de los cerebros más grandes, el cual puede representar hasta el 4.2% de su peso corporal. Se distinguen por su asombrosa capacidad de vuelo, ya que pueden mantenerse suspendidos en el aire o volar en cualquier dirección, incluso lateralmente y hacia atrás.  

Se caracterizan por sus picos largos y delgados, y por su lengua larga y tubular que les permite alimentarse del néctar de las flores, aunque también comen pequeños invertebrados. Son los únicos pájaros capaces de polinizar las flores y se estima que deben comer cada diez minutos por su alto metabolismo, pues inmediatamente su cuerpo consume los azúcares de los que se alimentan.

Comen hasta ocho veces por hora y toman sus alimentos en lapsos de 30 segundos a un minuto. Se estima que si un hombre consumiera las mismas proteínas que el colibrí, en proporción al peso, debería comer 130 kg al día.

Por otra parte, es uno de los animales endotermos (de sangre caliente y con capacidad para regular su temperatura) que posee la temperatura corporal más alta al llegar a los 41 °C. Esta adaptación les permite hacer una hibernación nocturna conocida como “estado de torpor”, en la que su temperatura baja de 41 a sólo 9 °C. Esto les permite conservar su energía frente a la amenaza del hambre o el clima en períodos de letargo o bajas temperaturas, aunque también efectúan la migración a zonas más cálidas para contrarrestar el frío, pues tienen que seguir comiendo para sobrevivir. Durante el estado de torpor también disminuyen su frecuencia cardiaca, que puede pasar de mil 260 latidos por minuto a un intervalo de escasos 50 a 180 latidos.  

En cuanto a su corpulencia, se caracterizan por poseer músculos pectorales sumamente desarrollados, equivalentes al 30% de su masa corporal, que les permiten aletear tan rápido como 80 veces por segundo, aunque durante el cortejo efectúan 200 aleteos por segundo. Esto provoca incluso que cuando vuelan emiten zumbidos. Asimismo, su musculatura les permite alcanzar velocidades que van de 50 hasta 95 km/h cuando realizan vuelos en picada durante el cortejo.

Por otra parte, cabe señalar que en 2014 la revista Science señaló que en Alemania (aunque en la actualidad sólo habitan en América) se encontraron fósiles de hace 30 millones de años que son la primera evidencia del colibrí, pues comparten tres características esenciales: minúsculo tamaño corporal, el diseño de los huesos de la parte superior del ala y su largo pico, más grande que su cráneo, con el que succionan el néctar.

Los bebederos de colibríes en la Ciudad de México

Los colibríes en general se alimentan del néctar de las flores, preferentemente de color rojo o naranja con corolas largas de forma tubular, aunque por instinto comen de otros tipos. Ante la exigüidad de las plantas nativas, pues ahora sólo predominan zonas áridas cubiertas de cemento en la Ciudad de México, los bebederos se han convertido en una buena alternativa para ayudar a la conservación de estas aves, explicó la ornitóloga Arizmendi Arriaga.

En la capital se tienen reportadas alrededor de once especies, pero sólo cuatro o cinco se pueden observar con facilidad. No obstante, en los últimos diez años se modificó la variabilidad de especies, al grado de que actualmente predomina en un 90% la Amazilia beryllina que se caracteriza por su plumaje verde y por ser sumamente territorial y agresivo: gusta de los bebederos y no permite que otras especies los utilicen.

“Hemos calculado que un bebedero equivale a dos mil 500 flores, por esta razón es comprensible que los defiendan. En un principio las aves aprendieron a comer de esta manera por ensayo y error; posteriormente por imitación, porque ven qué come y cómo se alimenta la madre”, explicó.

Si bien la especialista intentó realizar un censo para calcular cuántos bebederos existen en la capital, la empresa resultó complicada por la desconfianza de la gente frente a la inseguridad que se vive en el país; sin embargo, dijo, es evidente el incremento de la oferta de estos productos, pues hace 20 años sólo se conseguían en tiendas departamentales a altos costos, pero hoy en día los venden en mercados sobre ruedas a precios accesibles.

Este sustito de alimentación es una buena opción siempre y cuando sólo se mezcle alrededor de 20% de azúcar blanco granulado en agua purificada (para evitar gran cantidad de endulzante), la cual debe cambiarse cada tres días para evitar la fermentación y generación de hongos o bacterias en el líquido que afectan la salud de estas pequeñas aves. No es recomendable colocar pintura, ni miel, ni azúcar morena, ni otro tipo de endulzantes químicos, a menos de que sea especial para colibríes.

María del Coro Arizmendi considera que “los bebederos han ayudado a conocer estas especies, de lo contrario ya no podrían vivir en la ciudad, aunque es difícil predecir qué pasaría con ellos. Es probable que emigrarían a otro lugar porque su capacidad de vuelo se los permite y no se quedarían a morir de hambre. En la capital de México siempre han habitado colibríes, pero en la actualidad los bebederos representan una buena oportunidad para retribuirles el alimento que les hemos quitado. Lo cierto es que donde coloques el bebedero llegarán los colibríes, esto es importante porque si la gente los conoce se interesará en preservarlos”.

No obstante, la especialista de la UNAM destacó que alrededor de las áreas naturales los bebederos pueden generar efectos negativos sobre las plantas porque terminan con el ciclo de polinización. Por tanto, en dichas zonas se recomienda colocar macetas con flores que los atraen o  jardines para colibríes. Esta última idea surgió como parte de una iniciativa impulsada en Estados Unidos, Canadá y México con el fin de proteger a los polinizadores en general (abejas, colibríes, murciélagos, abejorros, mariposas).

En la Casa Blanca, durante la administración de Barack Obama, se inició con un jardín para conservar a las abejas nativas, pues el uso indiscriminado de los agroquímicos las está matando. En nuestro país, para llevar a cabo dicho proyecto con colibríes, fue invitada la doctora Arizmendi Arriaga.  

“Me sugirieron iniciarlo en la Residencia Oficial de los Pinos, sin embargo decidí efectuarlo en la cantera de la UNAM. Ahí colocamos bebederos que nos permiten analizar cómo se comportan las especies. La zona donde lo hicimos es ideal porque en no hay acceso al público, lo que permite su conservación”, consideró.

Desde hace seis años, cada 28 días, realiza con ayuda de sus alumnos el marcaje de estas pequeñas aves, es decir, las revisan, pesan y les colocan un anillo para identificarlas y llevar un seguimiento de los ejemplares. Posteriormente inició un proceso educativo de conservación en diversos campus de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, mientras que en la FES Iztacala los alumnos construyeron el primer jardín artificial para colibríes utilizando material reciclable como botellas de plástico para la elaboración de bebederos.

La especialista de la UNAM pretende difundir estas iniciativas en más campus universitarios debido a que considera “fundamental que la gente conozca más sobre los colibríes para impulsar su conservación y evitar que desaparezcan especies, pues son aves extraordinarias en todos los sentidos”.

El poder mítico del colibrí

Esta ave ocupa un rol esencial en la cosmogonía prehispánica debido a que las antiguas culturas mesoamericanas valoraban su plumaje brillante y sus  cualidades especiales. En náhuatl es nombrado Huitzilin y es considerado el nahual de la guerra.

Según el mito maya, después de crear todas las cosas, los dioses se percataron de que faltaba un encargado de llevar sus deseos y pensamientos al mundo, entonces tomaron una flecha pequeña y al soplarla voló hasta cobrar vida en forma de colibrí. Por tanto, son mensajeros de los buenos pensamientos de otros hombres. Por otra parte, un proverbio azteca dice que el aleteo de un colibrí puede cambiar la historia de nuestro mundo.

Para los mexicas, Huitzilopochtli fue el dios de la guerra y el sol. Según la leyenda, condujo a los aztecas durante su larga migración desde Aztlán (su mítica tierra natal) hacia el Valle de México. Su nombre proviene de las palabras huitzilin, que significa colibrí, mientras que opochtli es zurdo, es decir, “colibrí zurdo”.

Asimismo, el colibrí está relacionado con la fertilidad, pues Coatlicue, “la de la falda de serpientes”, madre de Huitzilopochtli, es la diosa de la fertilidad. De ella se dice que mientras barría el templo de Coatepec encontró plumas de colibrí que resguardó en su seno, y con ello quedó embarazada. El bebé en su vientre era Huitzilopochtli.

También se creía que el dios sol requería sangre y corazones humanos para alimentarse, entonces en los sacrificios se le ofrecían los prisioneros de guerra y soldados que hubieran muerto en batalla; después de su muerte y sacrificio, esos guerreros formaban parte del brillo del sol hasta que, después de cuatro años, encarnaban permanentemente en cuerpos de colibríes. Cabe resaltar que Huitzilopochtli era representado como un colibrí o como un guerrero cubierto con una armadura de plumas de colibrí, que entre otras cosas llevaba un yelmo en forma de cabeza de colibrí y una sandalia de plumas de colibrí en el pie izquierdo.   

 

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