En medio de la ciudad

La ciudad se expande y las tierras donde se sembraba maíz, hoy son fraccionamientos. Sin embargo, en medio de avenidas, cables y casas, aún se levanta la mazorca en campos de agricultores que resisten.

Ramón y José Alberto tienen en común que disfrutan la temporada de siembra de maíz desde que eran niños. Heredaron de sus padres esta actividad que les dio para comer, y ahora, a pesar de que ya no les representa un negocio redituable, aún producen el grano y buscan la calidad.

Les pesa que el precio de la tonelada de maíz no brinde garantía.  ¿En cuánto les comprarán la tonelada de maíz este temporal? Siempre es una incertidumbre para ellos.

Ambos también son testigos de la expansión urbana que interrumpe el campo que conocieron cuando eran pequeños. Los fraccionamientos van ganando terreno y la siembra se detecta ya por manchones dispersos.

Los agricultores urbanos, quienes aún siembran en los límites de la ciudad, aseguran que no se puede vivir solamente del cultivo del maíz. Recurren a otras actividades complementarias.

A pesar de todo, los agricultores son optimistas, gozan la siembra, la cosecha, el trabajo en la tierra fértil y honran la tradición.

Me gusta ver cómo germina la mi semilla.- González Tapia

Ramón González Tapia ama el campo. Lo trabaja con mucho gusto “Es una actividad muy bonita. Me gusta mucho el campo. Me gusta mucho la ilusión de ver cómo empieza a germinar mi semilla, me gusta el reto, me gusta ver la germinación, me gusta tener éxito en eso. Sí saco, como te digo, he sacado para comer, pero hay años que no he sacado nada”, asegura este agricultor zapopano, de 59 años.

Ramón está considerado entre los productores medianos de maíz en la zona del Valle de Tesistán. No tiene hectáreas propias, pero las renta y llega a sembrar hasta 130 hectáreas. Es padre de 5 hijas y además tiene una refaccionaria.

“Yo no estudié. Mi padre a esto se dedicaba y seguí el camino de él. Lo bueno fue que nunca me tocó el trabajo de la yunta, yo ya empecé con tractor”, cuenta Ramón.

Para que sus plantaciones tengan éxito, se levanta a las seis de la mañana y vuelve hasta las 10 de la noche, eso es en tiempo de siembra o cuando hay  mucho trabajo. Logra sembrar unas 740 mil plantas diarias, más o menos, con su tractor, en tiempo de siembra y esto equivale a unas 8 hectáreas

El cambio climático, la urbanización, el robo del maíz, las plagas y el aumento a los insumos son sus principales retos.

“Ahorita, por el tiempo, nos ha ido muy duro, ha habido granizales muy fuertes. No llueve cuando tiene que llover. Hay veces que llueve muy pronto, hay veces que ya llueve muy tarde”, lamenta.

Al recorrer un camino que colinda con un fraccionamiento, explica: “Mira, ¿sabes por qué aquí no han crecido bien los elotes? Por la luz artificial durante la noche”, dice, aclara que las luminarias urbanas interrumpen la fotosíntesis de la planta y no permite generar su fruto de forma óptima.

Un puño del maíz colorado.- Rivas Rubio

José Alberto Rivas Rubio ha sembrado toda su vida. Es padre de 3 hijos, dos mujeres y un hombre. Está en sus mejores años como productor.

“Mientras se pueda trabajar, hay que trabajar”, dice y no se imagina la vida fuera del campo. Su padre, quien aún vive, trabajó hasta que ya no pudo más.

“La intención es buscar  otras alternativas al maíz, ahorita estamos sembrando también chile ancho, tomates verdes, quitamos coles, vamos a plantar cebolla y también tenemos plantitas de frijol”, dice José Alberto, quien bajo el sol, con su sudadera y el gorro puesto, aclara que tal vez pronto se despida del maíz y cambie a cultivos más redituables.

José Alberto, de 45 años de edad, es propietario de 6 hectáreas y tiene otras más rentadas, las cuales varían cada año. De sus plantaciones, cosecha unas 11 toneladas de maíz por hectárea.

“Aquí no hay robo. La gente se lleva los que ocupa para cocer.  Eso no, no le merma a la producción, si se llevan una docena, un costal, no pasa nada”, asegura el productor de Lomas de Tejeda, Tlajomulco.

El equipo clave son él y su hijo mayor, pero ha llegado a contratar hasta 20 personas en la siembra. A cada hectárea, dice, le invierte 25 mil pesos. Y de su producción, también aprovecha.

“Pozole sí comemos, de ese guardamos un puño del maíz colorado. Nomás que tienes que cuidarlo porque el gorgojo luego luego lo pica”, advierte.


Prepara pozole

1 kilo de maíz pozolero precocido

1 cabeza de ajo

Sal al gusto

1 kilo de carne de cerdo

1 jitomate grande

100 gramos de chile guajillo

1/4 cucharadita de orégano

1 pizca de cominos

1 diente de ajo

  • Acompañar con: lechuga, cebolla, limones y tostadas
  • Cuece el maíz con suficiente agua, el ajo y sal al gusto, utiliza  fuego medio durante 2 horas.
  • Después, agrega la carne y cocina durante 1 hora. Desecha el ajo.
  • Mientras, hierve el jitomate hasta que se haya ablandado. Remoja los chiles en agua caliente hasta que estén suaves, quítales las semillas y el rabo y muélelos junto con el jitomate, sal, orégano, cominos y 1 diente de ajo. Cuela.
  • Saca la carne y deshébrala.
  • Vierte la salsa roja dentro de la olla con el maíz y deja que hierva. Regresa la carne deshebrada a la olla, prueba y deja que hierva.

Tierra y Vida
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