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Guadalajara surreal de cartón, madera y azúcar

Escritor
El Ciudadano

La gente viene por la tradición, aquí se vende pura tradición, y nuestra familia tiene una tradición de más de 60 años Jesús Carlos

La Feria del Cartón y del Juguete que se instala cada año en el Parque Morelos, persiste en el tiempo con motivo del Día de Muertos.

Entre juguetes de madera o latón, máscaras de calaveras, demonios o animales humanizados, muñecas de cartón que brillan en glamour con miradas absortas, guasanas, cacahuates cocidos, pan dulce y pan de muerto, calaveras o ataúdes de azúcar, ofrendas miniaturas para todos los gustos, flores de cempasúchil, antojitos mexicanos, juegos mecánicos y de destreza de feria, el recorrido por el Parque Morelos durante la Feria del Cartón y el Juguete lleva a sumergirse en un sueño de colores, olores y sabores.

El Día de Muertos convoca en el gran Jardín de la Calzada Independencia a cientos de visitantes de todas las edades, algunos acuden al llamado de la nostalgia por los recuerdos de la infancia; otros, asisten a las compras anuales de la lista de requisitos para el altar familiar ante la visita inminente del 2 de noviembre, otros por primera vez acuden a conocer una tradición que tal vez no tan fuerte como en Oaxaca, Guerrero o Chiapas, pero sí muy tapatía.

Al recorrer los puestos se escucha a los padres o abuelos contando a su descendencia cómo usaban los juguetes que se ofertan y los momentos felices que pasaron con ellos; los hermanos mayores jugando el tiro al blanco o subiendo a las tazas locas en los juegos mecánicos; las maquillistas de calaveras se encuentran al paso en una tradición que ha tomado fuerza en los últimos años por mostrar los trazos de la catrina en los rostros de los paseantes.

La Feria del Cartón y del Juguete tiene una tradición de aproximadamente 80 años con 200 comerciantes que también ofrecen artesanías, flores, inciensos, antojitos, dulces, pan, hechos de tradiciones familiares que ha trascendido generaciones, como el caso de la familia Landón, que tiene desde la fundación realizando panadería artesanal.

“Hacemos pan de feria, empanadas, pan tradicional, pan de muerto, conchas,  semas, tenemos aquí como 20 años, pero mis abuelos desde los inicios”, dijo Jesús Carlos, de la Panadería Landón. “La gente viene por la tradición, aquí se vende pura tradición, y nuestra familia tiene una tradición de más de 60 años”.

Pero no se puede llamar tradición si no es por herencia entre generaciones, y los comerciantes que se instalan desde octubre en la también Alameda tapatía, han trascendido el negocio familiar desde dos, tres y hasta cuatro generaciones.

“Cada año estoy trabajando aquí en la feria con la familia, aquí tengo dos de mis hijas también, en este año han bajado mucho, en todas partes ha bajado, yo creo que por el aumento que hay en todas partes, la economía es la que está baja, es la de cada quien”, expresó Francisco Barajas, quien tiene 20 años en la venta de artesanía de madera y barro.

José Enrique Catedral, su hija y su nieto atienden a los clientes, los tres dan detalle de la hechura de los juguetes de madera, trompos, baleros, camioncitos, pero también del producto que, José dice, está de moda: las Catrinas, hechas de papel, con su vestido de gala y sombrero francés, tal cual el grabado que hiciera famoso José Guadalupe Posada.

“Algunos 25 años tengo trabajando aquí, vendo madera, y tenemos catrinas, ahorita está el apogeo de la catrina, hay mucho flujo, yo no esperaba tanta gente, otros años desde temprano llega gente, yo creo que las redes sociales influyeron en que la gente viniera”, dijo el comerciante.

México es un crisol de tradiciones, y lo que siempre coincide en las opiniones es su colorido, sus sabores, así como su mitología, mismos que coinciden en la Feria del Cartón y del Juguete de Guadalajara, y entre sus emblemáticos juguetes están las muñecas de cartón, quienes con una sonrisa, su diamantina y el olor del pegamento con el que las hacen captan la atención todavía de niñas de hoy.

Aunque entre puesto y puesto ya se dejan ver productos de Halloween, o incluso venta de ropa y piratería, la feria se impone con sus juguetes mexicanos hechos de cartón y de cola, con pintura llamativa, o las coloridas trompetas de latón, los camiones de volteo de madera, tambores, títeres, o muebles miniatura de madera.

Entre más se acerca la víspera del Día de Muertos, se hace más difícil caminar entre el pasillo de puestos que cuelgan calaveritas bailarinas, baleros, trompos, yoyos, además de los mini altares, que se han convertido en la compra obligada de los niños para la tarea de la escuela, que busca preservar en las nuevas generaciones la tradición de recordar a los familiares difuntos.

Surrealista es la palabra que define el paseo del parque Morelos entre octubre y noviembre, que bien podría construir un cuento de realismo mágico al puro estilo de “El Viento Distante” de José Emilio Pacheco, que describe una tradicional feria mexicana.

Pasado el 2 de noviembre, las calaveras de azúcar, las flores cempasúchil, el pan de muerto, empiezan a desvanecerse para darle paso al heno, a las figuras de nacimiento, a las esferas y la escarcha, abriéndole paso otra tradición, que aunque internacional, México le da su toque pintoresco.

Lo que sí es un hecho es que cada tapatío tiene un recuerdo ligado a la Feria del Cartón y los Juguetes ligado a la infancia, cuando se esperaba el esperado paseo familiar para visitar el Parque Morelos y saber con qué juguete regresaríamos a casa.

 

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