El próximo escalón

Es evidente que cada día los ciudadanos tienen mayor influencia en las decisiones de los gobiernos y del poder legislativo, y que la tolerancia a las malas prácticas es más baja que antes

Hace unos años me uní a un grupo de ciudadanos que se habían propuesto trazar una nueva ciclovía sin la ayuda del gobierno. Después de semanas de trabajo y planeación, un domingo apareció sobre el pavimento de la avenida Santa Margarita, una línea de pintura blanca que dividía una porción de la calle para destinarla al tránsito de los ciclistas, justo entre la banqueta y los carriles para vehículos motorizados.

Se colocaron además sobre los postes de alumbrado, tablas de madera pintadas de color azul con la imagen de una bicicleta blanca, cuya función era pedir respeto para los usuarios de este tipo de transporte. Todo se hizo sin materiales ni equipo profesional, sólo con la imaginación y la colaboración de unas cuantas personas. Hoy esa avenida cuenta con 5.3 kilómetros de ciclovía confinada y señalizada de manera oficial.

Este y otros proyectos ciudadanos encaminados a promover un nuevo modelo de ciudad, fueron juzgados al principio como un juego e incluso como una provocación ociosa, pero más pronto que tarde lograron hacer suficiente presión para que algunos gobiernos cambiaran su actitud frente a la exigencia de destinar más recursos públicos a la protección de la movilidad peatonal y ciclista.

A pesar de que el Área Metropolitana de Guadalajara, aún está lejos de contar con la infraestructura necesaria para garantizar a sus habitantes el derecho de desplazarse de manera segura y accesible a pie, en bicicleta o en silla de ruedas, es indiscutible que la ciudad no es igual que hace diez años.

Poco tiempo después decidí hacerme parte de la política por medio de los partidos. No sabía por dónde empezar, ni lo que tenía que hacer (debo reconocer que al día de hoy no lo tengo claro). Como muchas personas, observaba la política de lejos, desde la televisión y los periódicos. Me parecía difícil imaginar que las cosas pudieran cambiar en el corto plazo, a pesar de eso, estaba convencido de que la política local no podría seguir siendo asunto de sólo dos partidos durante mucho tiempo. Por aquellos días, no tan lejanos, se decía que Jalisco era un estado conservador y que sus habitantes le temíamos a los cambios, que preferimos la costumbre. Con el paso del tiempo esa idea se ha venido diluyendo.

En mi corta experiencia, he tenido la suerte de ser testigo de cómo muchas cosas han cambiado en el estado y en la ciudad. Ha quedado claro que ya no hay invencibles y que es posible construir proyectos innovadores desde lo local. Es evidente que cada día los ciudadanos tienen mayor influencia en las decisiones de los gobiernos y del poder legislativo, y que la tolerancia a las malas prácticas es más baja que antes. La exigencia aumentó y la calidad también.

Hoy la posibilidad de participar está abierta a más expresiones y personas que cuando la competencia estaba limitada a dos partidos. Aunque muchos rasgos del pasado siguen vigentes, es indiscutible que la política local no es igual que hace diez años.

Con lo anterior no quiero decir que existan avances definitivos, porque así como estos pueden consolidarse, también pueden perderse si no se les cuida y respeta. Por eso es importante identificarlos, no para sentirnos conformes, sino para mantener en la memoria los esfuerzos que están detrás de estos y el pasado al que no queremos volver.

La tarea que tenemos por delante como sociedad es mantener en marcha el proceso de cambio político que vive nuestro estado, ya sea desde los partidos, los colectivos ciudadanos, los grupos estudiantiles, vecinales, etc. Este año será decisivo para lograrlo, las elecciones siempre serán una oportunidad para subir un escalón más.

 

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Marzo-2018