Butacas vacías

Cada vez está costando más trabajo, tanto en lo económico, los caminos de acceso y las condiciones de la escuela. La escuela tiene muchas carencias, faltan servicios”, Elizabeth Domínguez

Donde antes se contaba hasta 80 alumnos de primaria, hoy son 16. Las escuelas rurales del interior de Jalisco se quedan sin alumnos por la migración de las familias en Degollado, Jalisco.

En casa de Petra y Ana Rosa se sabe del valor que tiene la educación. Ellas saben que si sus niños aprenden a leer y a escribir, a sumar y a restar, tendrían mejores oportunidades para desarrollarse. Incluso, podrían continuar sus estudios hasta alcanzar la carrera profesional. Petra es madre de 11 hijos, y diez de ellos sólo alcanzaron a terminar la primaria. Su esposo emigró a Estados Unidos hace 28 años, cuando la más pequeña, Ana Rosa, entonces tenía seis meses de edad. Él nunca se reportó con la familia y los niños tuvieron que sacar adelante la casa. Aquí, en la comunidad de La Unión de Guadalupe, en Degollado, Jalisco, el Artículo Tercero Constitucional que garantiza el derecho a recibir educación de calidad, laica y gratuita, es un ideal inasequible.

La casa de Petra, que también es el taller donde Ana Rosa fabrica macetas, está a 30 metros de distancia de una escuela rural que rinde honor al poeta Amado Nervo. Ahí van a estudiar las dos hijas de Ana Rosa, Liliana y Kimberly, ambas mantienen un promedio de 90. “En esta escuela, como en el 95 por ciento de los planteles que están en las rancherías, ha descendido el número de alumnos. Los factores son diversos, pero el principal ha sido que la gente emigra a Estados Unidos. En esta comunidad llegué a tener 29 alumnos y ahora tenemos 15”, dijo el profesor Carlos Salazar. Salazar es el profesor, administrador y conserje de la escuela multigrado Amado Nervo. Pequeño, el plantel tiene un salón para atender a los alumnos de los seis grados de primaria y una bodega. Y debido a que no hay preescolar en La Unión de Guadalupe, recibe también a pequeños de 4 o 5 años de edad.

En la Escuela Vicente Guerrero, ubicada en la comunidad de El Bañadero, las cifras son más difíciles: actualmente atienden a 16 pequeños, cuando antes se tuvieron hasta 80. Conforme se redujo el alumnado, disminuyó el número de maestros. Ahora sólo está la profesora Elizabeth Domínguez. A decir de Domínguez, los principales motivos por los que disminuyó el alumnado es porque las vías de acceso a la escuela son cada vez más difíciles, la infraestructura del plantel está deteriorada y aumentó la migración de familias. “Cada vez está costando más trabajo, tanto en lo económico, los caminos de acceso y las condiciones de la escuela. La escuela tiene muchas carencias, faltan servicios, a veces durante una semana o más, no hay luz, tampoco hay agua para baños y los niños van con su cubeta”, dijo la maestra Domínguez.

A los niños de las escuelas Amado Nervo y Vicente Guerrero, se les entrega una mochila con útiles escolares, como parte de programas del Gobierno Federal, pero resulta ser un pequeño detalle frente a las necesidades reales que tienen. Petra nunca fue a la escuela, pero sus padres le enseñaron a leer y a escribir. Uno de sus pasatiempos favoritos que tiene, es leerle a sus niños, como les dice a los nietos que diariamente cuida. Ahora tiene dos nietas estudiando la preparatoria, podrían ser las primeras de la familia en estudiar una carrera.

El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos, se lee en Artículo Tercero Constitucional. “La verdad es que queda en teoría, hay carencias no sólo en mi escuela, sino en varias escuelas de comunidades tenemos el mismo problema: los planteles tienen una carencia total tanto en recursos básicos como la luz y el agua, un salón y butacas dignas. A la mejor existe calidad pero en zonas metropolitanas, en comunidades la calidad no llega”, finalizó la profesora Domínguez.

 “Cada vez está costando más trabajo, tanto en lo económico, los caminos de acceso y las condiciones de la escuela. La escuela tiene muchas carencias, faltan servicios”, dice la profesora Elizabeth Domínguez. 

Mientras que en Jalisco, en promedio un maestro de primaria atiende a 27 alumnos, en Finlandia, uno de los países con mejores índices de educación, es un maestro por 15 alumnos.

Emmanuel Ramírez Tlajomulco, Jalisco Con la implementación de la Reforma Educativa, el Gobierno Federal pretende mejorar la calidad educativa. Sin embargo, más allá de las condiciones laborales de los docentes, la falta de atención a los plantes escolares, la ausencia de políticas públicas que incentiven a maestros y a alumnos, y la omisión en la construcción de un verdadero modelo pedagógico, ponen en entredicho los alcances de esta serie de leyes en Jalisco.

Si bien, Jalisco está por encima de la media nacional en los años promedio de escolaridad, sólo nos separan, en promedio, dos meses de educación. Aunque tenemos una media de 9 años de escolaridad, el equivalente a terminar la primaria y la secundaria; este valor en la Ciudad de México se aproxima a 11, lo que significa haber concluido el segundo año de bachillerato. Un dato más que se desprende del análisis de la gráfica siguiente es que estamos justo a la mitad de la clasificación nacional, situándonos en el puesto número 16, y siendo superados por otros estados de la región como Colima o Aguascalientes.

La prueba PISA es llevada a cabo por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico cada trienio y sirve para evaluar el rendimiento académico de los estudiantes de 15 años de la mayoría de los países del mundo.

Aunque en este rubro nuestro Estado no está mal posicionado contra el resto de las entidades del País, una comparación a nivel internacional hace posible ver lo alejado que está Jalisco respecto a las naciones más desarrolladas del mundo en lo referente a resultados académicos.

Enfoques
Septiembre-2016