Nuestro estado ha sido uno de los pocos que ha logrado resistir a los embates de Morena y del gobierno federal. Ser opositor en un país acaparado por el Obradorismo no es tarea fácil. Jalisco ha sido blanco de ataques mediáticos y castigos presupuestales que intentan frenar el desarrollo de nuestra entidad.
A pesar de lo anterior, en nuestro estado hemos sido lo suficientemente hábiles para mantenernos como un ejemplo nacional de crecimiento económico, generación de empleos, movilidad, sistema de salud y deporte, por nombrar solo algunos rubros.
El pasado 2 de junio, las y los jaliscienses decidieron confiar en Pablo Lemus para gobernar Jalisco y en Verónica Delgadillo para gobernar Guadalajara. Los resultados, obviamente, no fueron del gusto de los morenistas, quienes, muy al estilo de López Obrador, han emprendido una campaña para desacreditar los resultados y el trabajo de las instituciones electorales.
Los ataques de Morena y de sus candidatos han sido violentos, desbordados y llenos de engaños. Lo que no pudieron ganar con trabajo y en las calles, hoy intentan conseguirlo por la fuerza en los tribunales, aprovechándose del poder político de un gobierno federal que no ha tenido empacho en violar la ley con tal de imponerse y alcanzar sus objetivos.
Lo que hoy está en juego no tiene que ver solo con una ciudad o con un estado. Un probable manejo político en las decisiones del tribunal federal puede ser determinante para las aspiraciones de aquellos que pretenden imponer gobernantes desde el cinismo antidemocrático que representa el centralismo.
Sin importar el color, hoy más que nunca es momento de hacer valer el legado histórico que ha hecho de Jalisco la entidad más representativa del país. Hace 200 años fuimos el primer estado en defender su autonomía con la promoción de un modelo federalista.
La libertad es un derecho inherente, y la libertad se defiende antes de que esta se pierda. En Jalisco estamos listos, y no vamos a tolerar ninguna imposición.
Jonathan Sergio Medina


