El ascenso de Verónica Delgadillo como la primera mujer en liderar Guadalajara no es solo un hito en la política mexicana; es una reafirmación de la fuerza histórica que las mujeres han tenido en la construcción de esta ciudad.
Hoy, Verónica Delgadillo no es una figura aislada; es la heredera de estas luchas y logros, y su liderazgo representa tanto una continuidad como una ruptura.
Recordemos que la alcaldesa es una de las mujeres ya no solo son las constructoras silenciosas, sino también las líderes visibles y reconocidas.
Señaló que su mayor desafío que enfrenta la alcaldesa va más allá de gobernar una ciudad; se trata de demostrar que las mujeres pueden liderar con una visión que integra la empatía, la justicia social y el pragmatismo político.
El liderazgo de Verónica es más que un logro personal; es un testimonio del poder del colectivo, de cómo las mujeres, cuando se unen y apoyan mutuamente, pueden transformar realidades.
La victoria de Verónica Delgadillo es un hito en la historia de Guadalajara, pero es también una señal de algo más grande: un cambio en la política mexicana y global, donde las mujeres ya no son la excepción, sino la norma.