Juan José Ramos
Morena y la política de la ocurrencia
La polémica por el intento del Gobierno Federal de adelantar el fin del ciclo escolar terminó como casi todas las decisiones de Morena: con una marcha atrás improvisada, tratando de apagar el incendio que ellos mismos provocaron.
Primero anunciaron, con total ligereza, que las clases terminarían antes de tiempo; después, ante la presión social y el rechazo de madres, padres, maestros y activistas, y la postura del Gobierno de Jalisco encabezado por Pablo Lemus, corrigieron y mantuvieron el calendario original.
Pero el problema no es únicamente que se hayan echado para atrás. El problema es lo que este episodio revela: un gobierno profundamente desconectado de la realidad de las personas, porque la discusión dejó ver algo más grave que una mala decisión administrativa.
Exhibió una forma de gobernar basada en la ocurrencia, en el cálculo político inmediato y en la falta de empatía con quienes viven el día a día.
El Gobierno de Morena anunció una medida nacional sin dimensionar el impacto que tendría en millones de familias. Como si las escuelas pudieran apagarse de un día para otro sin alterar la vida de madres y padres trabajadores.
Como si el cuidado fuera un asunto menor. Como si reorganizar semanas enteras de trabajo, economía familiar y aprendizaje infantil fuera una simple formalidad burocrática.
Y después vinieron las justificaciones. Que si las familias no tienen dónde dejar a sus hijos. Que si las jornadas laborales son difíciles.
Que si las mujeres cargan desproporcionadamente con las tareas de cuidado.
Y ahí aparece la gran contradicción de Morena: si ellos mismos reconocen esa realidad, ¿por qué no hacen algo para cambiarla? Tienen mayoría en las cámaras.
Gobiernan el país. Concentraron más poder que cualquier administración en los últimos años. Entonces, ¿por qué siguen actuando como si fueran comentaristas externos de los problemas nacionales?
Además, hay un nivel todavía más profundo de cinismo en todo esto. Porque Morena hoy parece descubrir la crisis de cuidados como si hubiera aparecido espontáneamente.
Pero fueron ellos quienes eliminaron las estancias infantiles, dejando a miles de madres trabajadoras sin una red básica de apoyo.
Fueron ellos quienes desaparecieron las escuelas de tiempo completo, espacios que no solamente ampliaban el aprendizaje, sino que también ayudaban a millones de familias a conciliar el trabajo con el cuidado de sus hijos. Fueron ellos quienes destruyeron programas sin construir alternativas reales.
Y ahora actúan sorprendidos porque las personas no tienen cómo resolver el cuidado infantil si les modifican el calendario escolar de un día para otro.
Entonces, la pregunta es inevitable: si ya entendieron el problema, ¿por qué no han hecho nada para revertirlo? ¿Por qué no reconstruyen un verdadero sistema nacional de cuidados? ¿Por qué no recuperan las escuelas de tiempo completo? ¿Por qué no fortalecen políticas públicas que sí ayudaban a las familias?
La respuesta vuelve a ser la misma: porque el discurso les importa más que las soluciones.
Lo más preocupante es que este episodio no fue un error aislado. Fue un síntoma.
Un síntoma, así como lo he comentado en este mismo espacio, de una forma de gobernar donde las decisiones se toman desde la propaganda y no desde la realidad. Donde importa más aparentar sensibilidad que construir políticas públicas serias.
Donde se diagnostican los problemas sociales, pero no existe ni voluntad ni capacidad para resolverlos. Hay que decirlo así: detrás de aquella ocurrencia había niñas y niños que perderían semanas de aprendizaje en un país con enormes rezagos educativos. Había madres reorganizando jornadas laborales imposibles.
Coordinador Operativo de MC
Instagram: @juanjorafe


